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Samantha
Me miraba enojado, esperando una respuesta que por mi parte, temía darle.
-Señor, Liam solamente fue a mi casa para disculparse. No pasó nada. - Dije. Mirándolo directamente a los ojos, era mi manera de demostrarle que no mentía.
-¿En que momento pensabas decirme? -Dijo.
-No creí que fuera necesario. -Dije, él apretó el puño.
-¿No creíste que fuera necesario? – Rió, por un momento creí que iba a golpearme.
-No volverá a pasar señor. -Dije.
-Cuando lleguemos a casa te quiero en el cuarto de juegos. Voy a enseñarte a obedecer las reglas Samantha. - Los nervios se apoderaron de mi, va a castigarme.
No dije ni una sola palabra, me concentre en la ventana del auto, miraba hacia la nada. Mientras él revisaba los mensajes en su móvil.
El camino a su casa fue rápido. Hice lo que Matthew me ordenó, me dirigí al cuarto de juegos.
Até mi cabello y me quite toda la ropa, la dejé a un lado y me dirigí a mi posición, a esperarlo.
Una parte de mí ansiaba conocer cómo sería ser castigada por él, pero a otra parte de mí le aterraba por completo. La puerta se abrió y lo escuché entrar.
-Ven aquí. -Dijo, caminé hacia el, no podía mirarlo a la cara.-Serán quince azotes Samantha, quiero que los cuentes conmigo, en voz alta. -Dijo. Dirigiéndose a el banco de azotes. - Inclínate. Lo hice. Matthew camino a una repisa, tomó una especie de pala y camino hacia mi. -Ahora quiero que me digas que es lo que hiciste mal Samantha.-Él Acarició con una de sus manos mi trasero, suavemente.
-Ocultarle lo de Liam, señor.-Mis nervios eran notables en mi voz.
-¿Mereces este castigo Samantha? - Le dio un pequeño apretón a mi trasero, solté un gemido.
-Si, señor.-Me mordí el labio.
-Ahora serán veinte azotes Samantha, no vuelvas a morderte el labio. - Dijo, sentí como lo frío de la pala rozó con la piel de mis nalgas. De nuevo mis nervios volvieron. -Debes contar Samantha. -Dijo.
-Si señor. -Dije.
Dio el primer azote con fuerza, dolió. La pala era de madera, bastante dura.
-Uno.-Hice muchos esfuerzos para evitar morderme el labio.
-Buena chica. -Dijo, azotarme le producía placer, pude notarlo por el tono de su voz, había cambiado.
Volvió a azotar, esta vez con mucha más fuerza. No resistiré.
-Dos. Chillé.
Y llegó el tercero, cada vez azotaba más fuerte, mi trasero no aguantaría Los veinte.
Tres. Sollocé, unas lágrimas comenzaron a salir de mis ojos. Dolía, muchísimo.
- Tus lágrimas no sirven de nada Samantha, ahorratelas. Y cuenta más fuerte. -Dijo, volviendo a azotar.
-Cuatro.-Apreté el puño, podía escuchar como la pala golpeaba el viento antes de estrellarse en mi trasero adolorido.
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-Veinte. -Susurré, para ser honesta apenas sentía mi trasero, mis piernas temblaban y no era capaz de incorporarme de nuevo.
-¿Volverás a ocultarme algo Samantha?-Me dijo, recogiéndome en sus brazos.
-No señor. -Susurré de nuevo, tomando un poco de aire y limpiándome el rostro lleno de lágrimas.
-Te llevaré a tu habitación, duerme, mañana tienes que trabajar muy temprano. -Dijo. Caminando conmigo, llevándome a mi habitación, me recostó cuidadosamente en la cama, no lo soporte, tuve que recostarme boca abajo, sentía mi trasero arder. - Descansa Samantha. -Dijo, cubriéndome con el edredón.
-Buenas noches señor. -Mi voz aún era frágil, estaba rota.
¿En qué estaba pensando cuando accedí a esto? ¿Que demonios pensé cuando firmé este contrato?
Matthew se fue de mi habitación, me solté en llanto. Intentando dormir, perderme en un profundo sueño. Fue imposible.
Apenas pegue el ojo por la noche.
Si, el dolor no me dejaba dormir. Mi alarma se escuchó por toda la habitación, la desactivé e intenté levantarme. Lo hice con un poco de dificultad. Sentarme me ardía.
Me dirigí al baño y abrí la regadera, había dormido sin ropa así que me metí al agua, relajándome por lo caliente que estaba.
Me envolví con una toalla y comencé a secar mi cabello, puse un poco de maquillaje en mi rostro y salí del baño. Tomé unos pantalones de una tela suave y una blusa casual.
Matthew entró a mi habitación, estaba solamente en bóxers. Acababa de despertarse, traía el cabello despeinado y una cara que delataba su mala noche, él tampoco había podido dormir.
-Buen día Samantha. -Dijo.
-Buenos días señor. -Dije, aún seguía con la toalla enrollada a mi cuerpo.
-Pedí que preparen el desayuno, después Anthony te llevará al trabajo, te esperará ahí y cuando termines te llevará a tu casa. -Dijo, asentí.
-Gracias señor. -Dije.
-Se te está haciendo tarde, ¿no piensas vestirte? ¿O es que te incomoda que yo esté aquí?-Dirigió su mirada a mi.
-No señor. -Dije.
- Entonces vistete. -Sonrió un poco.
Me quite la toalla que cubría mi cuerpo y comencé a vestirme. Note la piel de mi trasero, tenía marcas, estaba roja. Matthew me miraba sonriente.
-Tu cuerpo es mío Samantha, toda tu eres mía, ¿estás consciente de eso? -Me abrazó por detrás pegándose demasiado a mi, causándome un poco del dolor al rozar mi trasero.
-Si señor. -Dije. Él dirigió sus labios a mi cuello y comenzó a dejar un camino de besos.
-Te Espero abajo para el desayuno. Dijo.
Anthony me llevó al instituto donde trabajo, el director me había llamado, una alumna nueva se integraría a mi grado.
Parece una niña problemática señorita Blanchard, debe ser cuidadosa con ella, su familia es muy importante. - Dijo.
-Descuide, haré bien mi trabajo. - Dije.
-No lo dudo Sam, siempre has hecho bien tu trabajo. -Dijo acercándose mucho a mi, mirándome de la forma en la que siempre lo hacía, incomodándome.
-Iré al aula. -Dije, él puso su mano en la puerta para impedirlo.
-Me llegó tu solicitud, ¿así que la próxima semana faltarás dos días al trabajo?–Mierda, había olvidado que viajaría para el cumpleaños de mi madre.
-Si, tengo compromisos familiares. Dije, sin mirarlo, Gibran era un hombre bastante intimidante.
Perfecto, tenga en cuenta que no puede estar faltando al trabajo siempre, las vacaciones decembrinas se aproximan. -Dijo, afirmé con la cabeza. -Vaya a trabajar señorita Blanchard.
Salí de su oficina dirigiéndome a mi aula, mis alumnos ya estaban ahí incluyendo a la niña nueva. Me sorprendí.
Era Madeleine, la pequeña hermanita de Matthew. Sonrío al verme. Quizá esta sea mi oportunidad de hacer algo para que él pase más tiempo con su hermanita.
Me concentré en mi trabajo, comencé con las clases que sin duda era algo que disfrutaba hacer. El recreo llegó pronto y todos los pequeños salieron a almorzar, menos Madeleine ella se acercó a mi.
-Tu eres la novia de mi hermano. Sonrió un poco.
-Si. Soy yo. -Dije.
¿Como está él? Prometió que iba a ir a visitarme más seguido y ni siquiera se quedó a mi cumpleaños. -Dijo algo triste.
-Está bien, y él te extraña mucho. - Dije.
-Yo se que él no va a verme por qué está enojado con papá. -bajó la cabeza. -Los dos pelean siempre. -Sus ojitos comenzaron a soltar lágrimas.
-No llores princesa.-La abracé.
-Es que extraño a mi mamá, extraño a mi hermano. Desde que se fueron no tengo a nadie. Nadie me soporta. -La pequeña se echó a llorar en mis brazos. El corazón se me partió al verla sufriendo. Tan pequeña y vive todo esto.
-Bueno... ahora me tienes a mi. Acaricié su cabello.
-¿Tu no te irás como todas? Me miró.
-No, no me iré. -Dije. Ella sonrió.
El recreo terminó y todos los demás niños volvieron al aula, Madeleine se fue a su asiento y la clase continuó.
Cuando el día en el instituto terminó, Anthony estaba esperándome, pero no estaba solo, Matthew estaba con él.
-Señor, tengo que decirle algo. - Sonreí, él estaba serio.
-Adelante. -Dijo.
-Su hermanita es alumna mía ahora. -Dije. Anthony comenzó a conducir.
-Lo sé. Anthony la vio llegar esta mañana y me llamó enseguida. Mi padre la saco de su anterior instituto por que una de sus amigas le hacía bullyng y Madeleine la golpeó. -Dijo, molesto.
-Señor, quisiera decirle algo, una opinión. -
-Dime. - Dijo.
Madeleine necesita ayuda, su hermanita lo necesita. -Dije. Él exhaló.
-Mi maldito padre no me deja estar cerca de ella. No se que mas hacer. - Exhaló en frustración. Esto realmente lo afectaba.
-Habrá una forma, siempre hay una forma. Por ahora, quería pedirle su permiso para... ayudar a Madeleine. - Dije. El me miró.
-Gracias Samantha. -Me tomó de la mano.
-No tiene por qué agradecerme nada señor. -
Matthew me miró los labios y me besó. Un lento y suave beso. Sonreí.
Iremos a almorzar juntos, y después te llevaré a casa. -Dijo.
-Si señor. Sonreí.
Aquel beso con Matthew había sido diferente.