Daniel Rubier
Habían pasado tres días desde que hice sufrir a Judith. Ya había hablado con África y le pedí disculpas por no poder ser el hombre que ella necesitaba, la quería, pero no lo suficiente como para compartir el resto de mi vida con ella ya que podía respetarla como mujer, pero en mis pensamientos siempre se colaba ella. Así no podía viv