Judith López
No lo creo, sigo abrazando a mi pequeño. Me aferró a su cuerpecito con mis brazos. Siento que me mira asustado, esa es la única razón por la que logro apartarme un poco. Me pongo de pie, aprieto mis dientes y puños al dirigir mi vista a Adrián.
-Eres un maldito -digo en voz baja para que sólo él me pueda escuchar -como se atrevieron