Daniel Rubier
Traté de dormir lo más que pude, sólo a mí se me ocurre quedarme a dormir en la casa de esta niña sólo para asegurarme de que este a salvo. Con salvarla ayer por la noche debería haber bastado, pero es que si le sucedía algo no me lo perdonaría. Cuando me dijo que vivía sola no pude con el remordimiento. Por la mañana tenía cosas importantes que hacer en el bufete y esta silla incomoda no ponía de su parte para que pudiera conciliar el sueño, aunque fuera una hora. Hace un rato la escuché sollozar, pobre niña, tan joven y padeciendo tanto. Pienso en dos mundos tan opuestos, Julieta y ella son de la misma edad. Mi hermana siempre ha tenido muchas comodidades, incluso tiene auto propio para ir a la universidad. En cambio, ella, vive en esta pequeña y vieja habitación a la que llama casa, sin familia ni nadie, una vida muy difícil la que le ha tocado. Cierro los ojos tratando de dormir. No puedo eliminar su mirada de mi mente, esos ojos brillantes con los que mira. Anhelantes de protección. Es una niña...
-Disculpe... -escucho a lo lejos. Abro los ojos y veo su rostro frente al mío -es que tengo que ir al trabajo, pero me da mucha pena bañarme estando usted en mi casa -se sonroja al hablar, eso provoca que... sacudo la cabeza. Es una niña, tiene la edad de mi hermana.
-Ya me voy -digo poniéndome de pie.
-Gracias de nuevo por salvarme.
Asiento.
Doy unos pasos hasta la puerta.
-Disculpe... -escucho su voz, me doy media vuelta para mirarla -¿cómo se llama?
-¿Cómo te llamas tú? -replico. Ella cree que soy un vagabundo no puedo decirle mi nombre, además de que sirve si no nos volveremos a ver.
-Judith... -responde sonrojándose.
Me quedo hipnotizado observando su rostro angelical. Ayer no me percate de lo linda que era. Es una niña.
Le dirijo una sonrisa. No le digo mi nombre y salgo de su casa. Camino calle arriba varias cuadras, no sé ni que horas son porque mi móvil se ha quedado sin batería, pero creo que aún es muy temprano. Llego hasta la carretera por donde pasan los taxis. El tipo que conduce se detiene, entro y me dirige una mirada con desdén. Sonrío divertido al ver el buen trabajo que hizo Julieta, todos piensan que soy un vagabundo de verdad. Cuando estoy otra vez en casa, le pido al chofer del taxi que me espere porque no traigo efectivo para pagarle, todas mis cosas se quedaron ayer en el auto. Entro corriendo a la casa, mi madre me recibe.
-¡Por Dios Daniel! ¿Dónde estabas? ¿Por qué estás vestido así? -casi se infarta.
-La ropa es culpa de tu hija, me he quedado en casa de un amigo no te preocupes mamá -le doy un beso en la mejilla -puedes pagarle al taxi mientras subo a ducharme y cambiarme para irme al bufete ni si quiera sé qué hora es.
-Si anda ve hijo, Anuar se acaba de ir.
-¡Demonios! -maldigo mientras subo las escaleras.
En el pasillo a mi habitación veo como Julieta sale tan a prisa que casi chocamos.
-Dani, no me digas que apenas llegaste, ayer te estuve marcando, pero no me contestaste.
-Es una larga historia -le contesto.
-¿Te fuiste de fiesta?
Pongo los ojos en blanco.
-¿Con esta ropa? -le respondo con enfado.
Mi hermana ríe.
-Solo decía.
-Ni creas que volveré a hacerte algún favor Julieta, es la última vez que te acompaño a algún lugar.
-No te preocupes, ya le dije a una amiga que me llevé a la escuela hermanito.
Camino hasta mi habitación. Me dejo caer sobre el colchón, nunca lo había extrañado tanto como hoy. Cierro los ojos, tengo demasiado sueño. En mi mente repito su nombre "Judith" y proyecto su mirada inocente. Se que ese tipo no dejará de rondarla, ella está en peligro, pero yo no puedo hacer nada, ya hice todo lo que podía, no soy quien, para hacer más por esa muchacha, no me corresponde. Me pongo de pie y camino al baño quitándome la ropa. Suspiro con enfado. Ella está sola, no tiene alguien quien la ayude. Vuelvo a suspirar, no sé por que siento tanto enojo. No debería estar pensando en ella, ni si quiera la conozco.
...
Tenía clavada a esa niña en mis pensamientos. Judith. Me sentía ansioso, pronto llegaría de nuevo la noche y no creo que ella pueda hacerme caso de no andar en la calle a esas horas. Como saber si estaba en la calle de noche por necesidad. Comienzo a pensar en que podría hacer para protegerla, pero no se me ocurre nada. Quise distraerme para evitar pensar y también para ignorar este sueño que sentía, no había dormido casi nada y los daños comenzaban a hacer efecto en mí. Esta ya era la tercera taza de café que me preparaba.
-Daniel, no te vi por la mañana... -escucho la voz de mi cuñada a mi espalda. Me doy vuelta, me acerco a saludarla.
-Me quede en casa de un amigo -miento.
Asiente.
-Pasaba a dejarle unos documentos que me pidió a Anuar, te vi y vine, ya hice la reservación para pasado mañana en un restaurante bar, África está muy emocionada de verte, en verdad le gustas mucho a mi amiga, no se te ha olvidado, ¿verdad?
Asiento.
No tengo ni las ganas de platicar sobre eso ya que mis ojos se sienten pesados.
-No te preocupes, estaré ahí.
Nos despedimos y regreso a mi oficina. Llamo a mi secretaria y le pido que cancele las visitas que tengo por la tarde, si pregunta mi hermano por mi le diga que estoy ocupado en un caso. Regreso a casa lo más pronto que puedo, me deshago de mi saco y la demás ropa de oficina y me pongo unos jeans cómodos y una camiseta. Me recuesto en la cama y cierro los ojos.
...
Cuando despierto me incorporo de inmediato revisando mi móvil. Tengo algunas llamadas perdidas, una invitación de Gerardo mi amigo para ir a tomar unos tragos. No le contesto. Veo la hora y es casi la misma hora en la que conocí a esa niña. Mi instinto de protección me asalta de nuevo. Veo aún la ropa andrajosa de vagabundo en la cesta de la ropa. Me lo pienso dos veces antes de tomarla, salir de casa y entrar a mi auto. "Sólo la cuidaré de lejos" pienso cuando estaciono el auto a unos metros de donde la vi por primera vez el día de ayer. No bajo del auto. Desde aquí veré que llegué a casa. Después de casi media hora ella no se ve. Pasa otra media hora y no la veo. Comienzo que impacientarme. Dirijo mi vista hasta la ropa de vagabundo de mi hermana. Rápidamente me pongo la camisa encima, me despeino el cabello y lo dejo suelto. Me cambio los zapatos y bajo. Justo cuando me dirijo a la calle de su casa, veo como baja del bus. Mira a todos lados como corderito asustado. Es normal y me da lástima el pensar que tenga que vivir con miedo.
-Es más tarde que ayer -le digo mientras camino a la par que ella, se sobresalta al escucharme, me doy cuenta de que no esperaba verme -no entiendes que puede pasarte algo malo, niña.
Me mira removiendo cosas en mi interior que no deseo sentir por una niña como ella.
-Yo apenas salí de mi trabajo... -suelta con voz dulce.
Paso saliva.
-Te acompaño a tu casa -asiente brindándome una linda sonrisa.
-¿Dónde trabajas? -le pregunto curioso mientras caminamos por la banqueta.
-En una frutería del mercado de abastos.
Caminamos en silencio hasta que llegamos a su casa. Algo tiene esta niña que me intriga, pero no soy de los tipos que les gusten las jovencitas. Además, tiene la edad de mi hermana, soy mayor que ella trece años, y ni si quiera tenemos nada en común, será mejor que no regresé.
-Ya llegaste sana y salva, ahora me voy -le digo rápidamente.
-Señor... -frunzo el ceño -no sabía si lo volvería a ver, pero por si las dudas compré unas piezas de pan suave en el camino y leche -su sonrisa me derrite por dentro. Esta niña es todo un caso de ternura. Pareciera que mi cuerpo tuviera decisión propia porque ni si quiera me resisto cuando me invita a cenar. Esta vez ella también come. Lo hacemos en silencio -por cierto, no me ha dicho como se llama usted.
Tomo café.
-Daniel y no me llames señor por favor... -sonríe divertida -¿Cuántos años crees que tengo?
Boquea.
-Mmm... pues unos veintinueve...
-Casi... -digo -sólo dime Daniel.
-Está bien Daniel...
Sonreímos. Me detuve a observar su rostro tan bellamente cincelado, había algo en ella que me atraía, que me hacía sentir bien, no sé si era esa energía jovial que contrastaba con su delicada figura. Judith además de ser una de las mujeres más hermosas que he conocido, era bella a su manera, porque no llevaba ropa de marca o maquillaje, pero su belleza era natural y eso era mucho más valioso de lo que podría imaginar.